EUROPA/CHIPRE - El Papa Francisco a los hermanos ortodoxos: la unidad de los cristianos es testimonio de Cristo
Nicosia – El camino hacia la plena unidad visible de los cristianos no sólo interesa a los teólogos que “trabajan en el ecumenismo”. Esto tiene que ver con la misión de salvación confiada por Cristo a su Iglesia y con el testimonio de Cristo que puede florecer en la vida de todos los bautizados. Así lo ha recordado el Papa Francisco en su discurso a los miembros del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa de Chipre en la mañana del viernes 3 de diciembre en la Catedral Ortodoxa de Nicosia, uno de los momentos más destacados de su visita apostólica a la isla mediterránea. Tras escuchar el discurso del Patriarca ortodoxo Crisóstomo, el Obispo de Roma ha señalado el testimonio apostólico común como meta y horizonte de todo esfuerzo ecuménico sincero. Lo ha dicho una vez más inspirándose en los acontecimientos de San Pablo y San Bernabé, oriundo de Chipre y patrón de la isla, relatados en los Hechos de los Apóstoles y relacionados con la gran aventura de la primera predicación apostólica del anuncio cristiano. Bernabé – ha remarcado el Papa Francisco «nos exhorta a nosotros sus hermanos a emprender la misma misión de proclamar el Evangelio a los hombres».
Los acontecimientos de Pablo, Bernabé y la primera predicación apostólica – ha añadido el Papa Francisco- sugieren también de manera paradigmática los movimientos más adecuados para el testimonio cristiano, que son incomparables con las prácticas de proselitismo religioso y de propaganda ideológica. Bernabé, se llamaba en realidad José pero en los Hechos de los Apóstoles lo presentan así – ha recordado el Papa –. La palabra Bernabé significa al mismo tiempo “hijo del consuelo” e “hijo de la exhortación”. Por lo tanto con su mismo apelativo, de alguna manera Bernabé recuerda a todos que el anuncio cristiano «no puede basarse en exhortaciones generales, en la repetición de preceptos y normas que observar, como se ha hecho con frecuencia. Hay que seguir el camino del encuentro personal, prestar atención a las preguntas de la gente, a sus necesidades existenciales», ya que «para ser hijos del consuelo, antes de decir cualquier cosa, es necesario escuchar, dejarse interrogar, descubrir al otro, compartir». « El Evangelio - ha añadido el Papa - se transmite por la comunión». Y en la dinámica de la Iglesia, la comunión se ha expresado desde el principio en la forma histórica de la sinodalidad como el modo de realizar concretamente la misión confiada a la Iglesia en las diferentes circunstancias históricas.
«Esto es lo que, como católicos, deseamos vivir en los próximos años» ha remarcado el sucesor de Pedro, dirigiéndose a los obispos ortodoxos «redescubriendo la dimensión sinodal, constitutiva del ser de la Iglesia Y en esto sentimos la necesidad de caminar más intensamente con ustedes, queridos hermanos, que por medio de la experiencia de su sinodalidad pueden sernos verdaderamente de gran ayuda».
En su discurso, el Papa Francisco no ha eliminado las referencias directas a las incomprensiones y surcos de hostilidad que se han abierto a lo largo de la historia entre la Iglesia de Roma y muchas Iglesias orientales. Al mismo tiempo, el Pontífice ha señalado con insistencia el redescubrimiento de las fuentes apostólicas comunes como el principal camino para curar las heridas y restaurar plenamente la unidad entre los hermanos deseada por Cristo. «Pablo» ha recordado el Pontífice «atravesó Chipre y posteriormente llegó a Roma. Por tanto, descendemos del mismo ardor apostólico y nos une un único camino: el del Evangelio». El tesoro común al que siempre hay que mirar y volver es la fe de los Apóstoles. Y mirar juntos ese tesoro ayuda a todos a desprenderse de posturas y tradiciones humanas que a lo largo de la historia han agrandado y alimentado malentendidos y hostilidades entre las distintas estructuras eclesiales. También a este respecto, el Papa Francisco ha recordado la historia de Bernabé, que vendió un campo de su propiedad para poner lo obtenido a los pies de los Apóstoles, como se narra en los Hechos de los Apóstoles.
«Este magnífico gesto sugiere que para revitalizarnos en la comunión y en la misión también nosotros hemos de tener la valentía de despojarnos de aquello que, aun siendo valioso, es terreno, para favorecer la plenitud de la unidad», evitando absolutizar costumbres y hábitos que no son esenciales para seguir a Cristo, ha continuado el Papa. «No permitamos que las tradiciones - en plural y con la “t” minúscula - tiendan a prevalecer sobre la Tradición - en singular y con la “T” mayúscula -. Esta nos exhorta a imitar a Bernabé, a dejar cuanto, aun siendo bueno, puede comprometer la plenitud de la comunión, el primado de la caridad y la necesidad de la unidad…. También nosotros estamos invitados por el Señor a redescubrirnos como parte del mismo Cuerpo, a abajarnos hasta los pies de los hermanos». Mirar juntos hacia las fuentes apostólicas comunes – ha añadido el Papa Francisco - también facilitará que católicos y ortodoxos dejen de lado las «teorías abstractas» y trabajen juntos codo con codo, «por ejemplo, en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana». Sobre todo porque por esta vía «redescubriremos al hermano y la comunión madurará por sí misma, para gloria de Dios. Cada uno mantendrá las propias maneras y el propio estilo pero, con el tiempo, el trabajo conjunto acrecentará la concordia y se mostrará fecundo».
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